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lunes, 30 de abril de 2012

(Editorial El Comercio) Tectanic - Es mala idea que el Estado dirija la inversión en tecnología

11 de abril de 2012

Para enfrentar el déficit peruano en investigación y desarrollo, el Estado está planeando invertir S/. 4.500 millones que serán canalizados a través de un ministerio de ciencia y tecnología o de otra nueva entidad.
Nadie discute que enfrentemos un problema real: la inversión en investigación en nuestro país es insuficiente. Esto se refleja, por ejemplo, en que mientras nosotros invertimos solo el 0,1% de nuestro PBI en este rubro, Brasil invierte 1,1%, EE.UU. 2,7%, y Finlandia y Corea 3,5%.
Lo que sí es bastante discutible es que la solución sea que el Estado, usando los recursos de todos, sea el que decida qué proyectos de investigación financiar. Al contrario de lo que supone el gobierno, para que en el Perú se produzca más investigación no necesitamos más Estado.
Y es que, por más bienintencionado que sea, ningún gobierno está en capacidad de elegir con acierto qué investigaciones apoyar. Es fundamentalmente de la interacción en algún mercado en particular que los empresarios pueden descubrir qué innovaciones tecnológicas podrían mejorar sus procesos productivos y satisfacer mejor a sus consumidores. ¿O es que acaso el Estado va a contar con un ejército de burócratas que examinen todas y cada una de las industrias del Perú para detectar dónde será más conveniente invertir? Lo que inevitablemente sucederá es que el Estado invertirá a ciegas, sin información, arriesgándose a colocar el dinero de todos en proyectos poco sensatos o, incluso, inútiles. Salvo que, para apoyar a la ciencia, el gobierno esté dispuesto a consultar a un adivino.
No podemos perder de vista, además, que como no se trata del dinero de los funcionarios, no sería extraño que se utilice en apoyar proyectos populistas que sumen a la imagen del gobierno pero no al desarrollo tecnológico peruano. La ciencia y la política, a fin de cuentas, no suelen ir de la mano.
Pero no es necesario especular tanto sobre lo que podría hacer mal el Estado con mayores recursos y más burocracia. Basta ver lo mal que lo ha venido haciendo hasta hoy. Las regiones, por ejemplo, reciben S/.1.100 millones para investigación producto del canon. Buena parte de este presupuesto no se ejecuta y se añeja en sus cuentas bancarias. Y es un evento casi milagroso que las universidades públicas que reciben recursos para realizar investigación logren una patente exitosa. E, incluso, existen ejemplos real-maravillosos de a qué finalidades destinan estas instituciones los recursos que sí usan, como el de la Universidad Nacional del Altiplano, que utilizó parte de ellos para financiar un restaurante de pollo a la brasa.
Todo lo dicho no quiere decir que el Estado deba quedarse impávido frente al problema. Pero la solución no es que financie directamente las investigaciones que a juicio de sus iluminados funcionarios sean las más convenientes. La solución más bien parte por reconocer que quienes cuentan con la mejor información sobre las carencias tecnológicas existentes son los empresarios, quienes tienen también los mejores incentivos para escoger en qué proyectos de investigación invertir recursos, ya que es su dinero y su negocio los que se encuentran en riesgo. Por eso, la manera de enfrentar el problema es crear incentivos para que ellos inviertan más de sus propios recursos en investigación y desarrollo.
El Estado podría, por ejemplo, crear incentivos tributarios para aquellas compañías que demuestren invertir en este tipo de proyectos. Podría también reducir los costos administrativos y tributarios para las empresas extranjeras de tecnología que decidan tener sus centros de investigación en el Perú. O permitir que las empresas tengan la posibilidad de cambiar parte del pago de sus impuestos por inversión en proyectos de investigación desarrollados, por ejemplo, por universidades. Todos estos esquemas permiten que sean aquellos con mejores incentivos e información los que escojan a dónde destinar los recursos para investigación.
Todos queremos que el desarrollo de la ciencia en el Perú llegue a buen puerto. Pero, para esto, solo por salir del paso, no tenemos por qué treparnos a un trasatlántico con un triste destino anunciado (y sin suficientes botes salvavidas).

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